Desmontando mitos sobre la presbicia

Es un hecho. El ojo es el primer órgano del cuerpo que enjevece. A partir de los 35-40 años, la presbicia hace acto de presencia. Es consecuencia directa de la evolución natural de la visión y afecta a toda la población en mayor o menor medida. Aproximadamente el 90% de la población mayor de 40 años tiene presbicia o vista cansada. Con el paso del tiempo, el cristalino pierde su flexibilidad y por tanto su capacidad para abombarse y enfocar correctamente los objeto cercanos.

¿Qué hacer una vez que aparece la presbicia?

Fundamental. No hacer como que no pasa nada. Visita a tu oftalmólogo o tu óptica más cercana ante los primeros síntomas de problema de enfoque visual para buscar la solución que mejor se ajuste a tus necesidades. Una vez que la presbicia aparece, conviene controlar su evolución, al menos, cada dos años. Por lo tanto, son aconsejables revisiones periódicas.

Aunque no me siento para nada una persona de 49 años, hay algo que se deteriora mucho con la edad y te hace ver la realidad: ¡La vista! o mejor dicho la carencia de ella, llamada Presbicia.

Segundo paso. Las lentes progresivas son una de las soluciones óptimas para la presbicia pero existe en torno a su adaptación una leyenda negra. Hoy nos proponemos desmontar falsos mitos relacionados con la vista cansada. Primero de ellos, aunque la presbicia es una consecuencia de la edad es importante asumir que es inevitable su aparición. No existe una cura de la presbicia ni hay una solución que la haga reversible. No hay nada que puedas hacer para retrasar su aparición porque es un proceso degenerativo natural del ojo.

Otro de los errores más extendidos es que las lentes progresivas requieren un tiempo de adaptación considerable y es un proceso tedioso y molesto. ¡Error! Las nuevas generaciones de lentes progresivas han reducido al mínimo este tiempo de adaptación. La tecnología Varilux tiene en cuenta la forma del ojo y las necesidades visuales del usuario para facilitar al máximo la rápida adaptación del ojo, evitando distorsiones o problemas de visión en los laterales y creando lentes que se adaptan a una vida activa y deportista.

¿No nos crees a nosotros? Esperamos que el testimonio de Virginia Rodríguex, de “Entender la belleza” te ayude a descubrir y desmentir los falsos mitos de las primeras gafas progresivas. ¿Te reconoces en su relato?

(…) Hace ya unos años, desde los 45 o por ahí, que no puedo leer los mensajes del móvil sin gafas de cerca y que debo llevar unas gafas en el bolso para poder leer los menús de los restaurantes. Me hice unas gafas de cerca con una montura muy ligera que no se notaran mucho en mi cara. Al ser tan ligeritas tampoco podía ponerme las gafas encima de la cabeza pues no se aguantaban. Acabé poniéndoles un cordoncito. Eso era cómodo pero cuando me veía en un espejo o en un selfie con las gafas colgando me veía másssss viejaaaaa. Estuve sin hacerle caso a esa sensación viejuna unos años hasta que al final como ya llevaba gafas para ver la tele, cine y el ordenador, me decidí a hacerme mis primeras gafas progresivas (…) Llevo casi tres años con ellas y no he tenido ningún problema de adaptación. Ha sido súper fácil, también es verdad que no las llevo puestas a todas horas. Reconozco que no le di mucha importancia al hecho de la calidad del cristal hasta este año que he querido hacerme unas gafas progresivas de repuesto. (…) Y puedo sentenciar que los cristales Varilux S 4D son el “Ferrari” de las gafas progresivas”.

Si quieres conocer todo el relato de Virginia Rodriguez, entra en su blog y comparte con nosotros tu experiencia con tus primeras lentes progresivas: desmontando falsos mitos.