Ejercicios de memoria: aprende cómo ejercitar la memoria

¿Tienes dificultades para recordar el nombre de un conocido al que hacía tiempo que no veías? ¿Te cuesta retener un número de teléfono? El ajetreo de la vida diaria y el paso del tiempo nos hacen más olvidadizos. Es ley de vida. La mayoría de las veces esos olvidos son simples despistes, pero otras son un síntoma de mala memoria que afortunadamente tiene solución.

Porque la memoria, como el cerebro, requiere entrenamiento. Si se entrena, si se ejercita con frecuencia, constancia y disciplina, funciona mejor. A la vista está el ejemplo de grandes prodigios de la memorización excepcional como el español Ramón Campayo o el estadounidense Nelson Dellis, quienes han necesitado -y necesitan- horas de horas de entreno para poder memorizar barajas de carta en segundos o aprender un nuevo idioma en un par de horas.

Algunos de los trucos que te proponemos son de su cosecha. El objetivo es que, con una serie de ejercicios sencillos y que no te llevarán más de unos minutos al día, puedas ir ejercitando tu memoria para que el próximo día que te cruces con ese conocido recuerdes cómo se llama. Además, el entrenamiento de la memoria mantiene la buena salud de las conexiones neuronales y previene, a la larga, enfermedades degenerativas. ¿A qué esperas para empezar?

Coge un libro y lee

La rutina para ejercitar tu memoria comienza con una actividad sencilla y sumamente placentera: leer. Cuando leemos, mejoramos nuestra comprensión del lenguaje, ampliamos el vocabulario y estimulamos la imaginación, un proceso que pone la máquina de nuestro cerebro a máxima potencia. Y cuando la mente está en forma, la capacidad de almacenar y recordar se amplía. Para que te hagas una idea, leer significa para la memoria lo que salir a correr significa para un atleta.

Y cuenta a los demás lo que has leído

O, dicho de otro modo, narra historias. Cuando articulamos un relato, buscamos en nuestros recuerdos, echamos mano de la imaginación y estructuramos las ideas, y todo ello en cuestión de segundos. Pocos ejercicios estimulan tanto la memoria, y sin apenas esfuerzo, como el hecho de narrar una historia.

Haz pasatiempos

Crucigramas, sopas de letras, sudokus… los pasatiempos sirven para mantenernos entretenidos y, sobre todo, para que nuestra mente y nuestra memoria estén activas. Los hay de todos los tipos: los que mejoran la comprensión del lenguaje (crucigramas), potencian nuestras habilidades matemáticas y percepción espacial (sudokus), trabajan nuestra capacidad lógica (jeroglíficos) o favorecen nuestra atención visual (juegos de buscar diferencias). Y estos son sólo algunos ejemplos.

crucigrama pasatiempos

 

Asocia ideas

Leer, relatar y rellenar sudokus está muy bien para mantenernos en forma, pero no es suficiente cuando nos enfrentamos a determinadas listas o conceptos que debemos memorizar. En estos casos son muy útiles las reglas mnemotécnicas: frases cortas o imágenes que asociamos con ideas. Por ejemplo:

  • para recordar los meses que tienen 31 días ponemos las manos boca abajo, las cerramos y contamos a partir de enero: los nudillos representan los meses con 31 días, los huecos entre los nudillos corresponden a los que tienen 28 ó 30.
  • O para recitar las bases del ADN pensamos en las iniciales de la frase ‘adelantamiento temerario, guardia civil’: adenina-timina, guanina-citosina.

Nuestra mente no está diseñada para memorizar lo abstracto, de ahí que nos resulte mucho más fácil recordar un dato si lo convertimos en una frase o imagen. Cuanto más excéntrica, mejor.

Una historia con sentido, y por partes

Recordamos fácilmente una lista larga de elementos cuando la incluimos en una narración (de nuevo, si es extravagante, mejor). Por ejemplo, a la hora de memorizar una serie de nombres, puedes imaginar a personas famosas con esos mismos nombres y crear una historia con ellos. Otro truco para memorizar listas consiste en dividirlas por partes, técnica también válida para un discurso.

Construye tu palacio mental

El filósofo Cicerón, que vivió en Roma en el siglo I a.C., podía recitar un discurso sin apoyarse en ninguna nota escrita. Como explicó en su obra De Oratore, el misterio de su habilidad radicaba en los palacios mentales. Esto es, Cicerón pensaba en un edificio que le fuera familiar y decoraba cada estancia con cuadros que remitían a ideas de su discurso (de nuevo, asociación de conceptos). Lo único que tenía que hacer al comenzar a hablar era pasear en su mente por el edificio, deteniéndose en cada cuadro que encontraba a su paso.

Póntelo difícil

También recordamos mejor aquello que hemos escrito a mano y no en el teclado, debido a que el proceso de escribir a mano supone mayor esfuerzo; así como los textos que leemos en fuentes extrañas y menos claras, precisamente por la misma razón. En otras palabras, cuanto más trabaje tu mente para leer o entender algo, mejor lo recordarás.

escribir a mano

Emplea los puños

De todos modos, cuando sabes que conoces ese dato pero no lo recuerdas, puedes probar a cerrar el puño izquierdo durante unos 45 segundos. La Universidad de Montclair demostró en 2013 que esta simple acción facilita la recuperación de recuerdos, del mismo modo que si cierras el puño derecho almacenas mejor los datos. En ese sentido son muy útiles las pelotas antiestrés. Además, memorizarás y recordarás de forma más sencilla si cierras los ojos (e impides que te distraigan estímulos visuales).

Escucha música

La guinda a la rutina para ejercitar nuestra memoria es un ejercicio que no supone esfuerzo alguno, sino todo lo contrario. Cuando escuchamos música de manera relajada, estimulamos las conexiones neuronales que ocurren en nuestro cerebro. El truco está en escuchar la música antes de memorizar algo: así lo retendremos con más facilidad.

escuchar música

Para ejercitar tu memoria también es imprescindible mantener una dieta sana, rica en ácidos grasos omega 3 como los que contienen las nueces y el pescado; hacer ejercicio; y dormir las horas suficientes.

Y ahora, ponte a prueba: sin repasar el post, ¿podrías enumerar todos los trucos que te hemos contado?