El dolor: qué es y cómo superarlo – Positive

Las personas debemos convivir con el dolor. En el proceso de vida de un ser humano, desde que nace hasta que muere, experimenta muchos tipos de sensaciones. Entre ellas la relacionada con el dolor. En la mayoría de los casos, todos estamos capacitados para superar ese dolor y continuar con nuestra vida; pero en muchas ocasiones parece que ese sentimiento pasa por encima de nosotros y nos impide avanzar.

Para entender un poco más el dolor y cómo aprender a superarlo, lo primero que tenemos que hacer es saber la diferencia que hay entre dolor y sufrimiento.

Según el diccionario de la RAE, el dolor se aquel sentimiento de pena o de congoja que puede afectarnos en cualquier momento de nuestra vida. En algo puntual y es una emoción que sabemos identificar muy bien. Nos sentimos traicionados cuando una persona nos engaña, sentimos pena ante una enfermedad, etc. En cambio, el sufrimiento es algo más.

Aunque la RAE prácticamente lo compara con el dolor, el sufrimiento es un conjunto de emociones que van más allá del dolor; estas emociones las padecemos con mayor intensidad y pueden llegar a formar parte de nuestra vida y condicionarla. Cuando el sufrimiento se queda con nosotros, no podemos avanzar. Experimentamos una sensación de impotencia, de injusticia, y creemos que toda nuestra vida ha terminado a causa de esta emoción. Este tipo de sentimientos son los que nos impiden disfrutar de nuestra vida, por lo que es muy importante hacerles frente.

‘’El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional’’. Buda

dolor duelo

Para evitar que el sufrimiento nos acompañe en nuestro día a día y poder gestionarlo, podemos seguir esta serie de consejos.

Ser conscientes del dolor

No podemos dejarlo de lado. Hay una situación (sea la que sea) que nos ha provocado dolor. Debemos aceptarla. Es la única manera de poder empezar a superarla. Si dejamos a un lado aquel problema que ha causado el dolor, éste se instalará hasta que lo veamos solucionado. En el peor de los casos, incluso el dolor, ya en forma de sufrimiento, seguirá a pesar de que ya no exista el problema.

Controlar nuestra vida

A priori parece fácil, pero si nos ponemos a pensar en cómo actuamos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, la mayoría de nuestras decisiones están condicionadas por algo externo: el trabajo, la pareja, la familia, los amigos, etc. Debemos controlar nuestros actos y nuestra toma de decisiones. A partir de ese momento, cuando hagamos algo será enteramente responsabilidad nuestra.

Comunicarnos

Es fundamental. Cuando tenemos un problema lo mejor es hablarlo, ya sea con los amigos, con la familia o con un especialista. En ese momento liberaremos tensión y el estrés comenzará a desaparecer. Muchas veces nos obcecamos e incluso nos regodeamos en nuestro propio dolor. ¿Con qué fin? Ninguno. El ser humano no puede ni debe estar sufriendo continuamente. No está en nuestra razón de ser.

hombre sufriendo

Tener objetivos, metas

Ya lo dijo el filósofo Nietzsche, ‘’quién tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo’’. Si no perseguimos una meta, un objetivo, si no tenemos nada por lo que levantarnos cada mañana, será mucho más complicado que le veamos el lado bueno a la vida. El saber que tenemos un lugar al que llegar, una meta (ya sea sentimental o profesional) hace que nos levantemos con ganas de experimentar, de luchar cada día para conseguir aquello que queremos. Estamos programados para ello.

Éxito, fracaso, bienvenidos

Es cierto que valoramos mucho más los éxitos en nuestra vida que los fracasos. Pero de muchos fracasos han nacido los mayores éxitos. Éstos nos permiten aprender, corregir aquello que quizá estamos haciendo mal y aprender. Es fundamental que tengamos la capacidad de aprender.

Reírnos

Aunque parezca mentira, la risa es beneficiosa para nuestra salud. No sólo elimina el estrés que podamos tener sino que también nos aporta autoestima y nos ayuda a mantener una actitud positiva ante la vida.

Mirar a nuestro alrededor

Debemos pararnos y mirar a nuestro alrededor. Seguramente muchas personas puedan estar en condiciones mucho peores que la nuestra, pero sin embargo se toman las cosas de otra manera. ¿Por qué? Porque han aprendido que regodearse en el dolor no lleva a ninguna parte. Es probable que aquello que parece que nos impide continuar no sea más que un bache en el camino. Además, todo tiene solución, incluso aquello que no la tiene, porque ya es una solución en sí misma. Entonces, ¿por qué seguir dándole vueltas?

 

Está claro que no todas las personas somos iguales ni nos afectan por igual las mismas situaciones. Pero todos tenemos el poder de superar nuestros problemas y avanzar hacia una vida en la que los valores positivos primen. Todo es cuestión de tiempo y de poner actitud de nuestra parte.